El diagnóstico médico fue preciso: Usted tiene una afección incurable. Me hundí en un llanto silencioso y acepté que el virus había invadido mi cuerpo.
Lo confieso, soy una nueva víctima de esa enfermedad que infecta a millones en el mundo y que luchan a diario para sobrevivir.
Al principio intenté correr y huir, más por el desespero de lo inesperado que por las consecuencias de lo ya conocido. Afortunadamente mis zapatos se desgastaron y mis pies empezaron a sangrar. Tuve que parar.
Fui yo mismo a comprar las medicinas que, religiosamente, como dice mi mamá, tendré que administrarme el resto de los días por venir.
Los efectos secundarios no se hicieron esperar. La arritmia constante reflejaba un corazón animado. La vista nublada indicaba que los ojos, de ahora en delante, debían dirigirse en una sola dirección. Y lo que no podía faltar es esa sensación de encierro que te hace sentir abstraído en una burbuja de la cual no quieres salir. Concentrado en un no se qué placentero y dichoso que señala nuevas sensaciones pocos conocidas y que forman parte del tratamiento eterno.
Asumí mis contraindicaciones y deduje que con el tiempo iba a terminar acostumbrándome.
Decidí darme por vencido y acepté que lo único que me mantendría sin sentir dolor eran esos labios curativos y las dosis de caricias que mezquinamente me suministran sus manos de seda. Me siento curado con el analgésico de su cuerpo. Su lengua es mi pastilla de sanidad. Mi vacuna para el amor.
Al principio intenté correr y huir, más por el desespero de lo inesperado que por las consecuencias de lo ya conocido. Afortunadamente mis zapatos se desgastaron y mis pies empezaron a sangrar. Tuve que parar.
Fui yo mismo a comprar las medicinas que, religiosamente, como dice mi mamá, tendré que administrarme el resto de los días por venir.
Los efectos secundarios no se hicieron esperar. La arritmia constante reflejaba un corazón animado. La vista nublada indicaba que los ojos, de ahora en delante, debían dirigirse en una sola dirección. Y lo que no podía faltar es esa sensación de encierro que te hace sentir abstraído en una burbuja de la cual no quieres salir. Concentrado en un no se qué placentero y dichoso que señala nuevas sensaciones pocos conocidas y que forman parte del tratamiento eterno.
Asumí mis contraindicaciones y deduje que con el tiempo iba a terminar acostumbrándome.
Decidí darme por vencido y acepté que lo único que me mantendría sin sentir dolor eran esos labios curativos y las dosis de caricias que mezquinamente me suministran sus manos de seda. Me siento curado con el analgésico de su cuerpo. Su lengua es mi pastilla de sanidad. Mi vacuna para el amor.

5 comentarios:
jeje hola premo, es carlos. me gusto, esta fino este escrito! aunque no lo entendi mucho xd
si te soy sincero mas me gusto el de antes "Casualidad"(muy bueno). ademas q este esta muy corto y se me hace dificil entender xd
Me ha gustado mucho. Un besito.
Me gusta mucho tu blog.
Tengo tiempo con ganas de dejarte una nota con responsabilidad, por eso no lo quería hacer desde la firma de un “anónimo”.
A ver... te voy a decir el lugar mental al que llegue.
Primero... andaba patiando calle por el mundo de los blog (que es nuevo para mí) y de curioso me metí en la cantina de Juan Luis.
De pinga, me gusta la música y la conversa que ahí se genera.
De repente fue como oírte hablar desde la barra.
Me quedé en silencio.
Leerte es como oír a un primo mayor (que nunca tuve y me hubiese gustado tener) hablar de la vida y sobre todo de las mujeres... pero de esas que emocionalmente nos mueven desde las vísceras y nos hacen pasear por la gama del sentir de estamos VIVOS.
De verdad, muy agradecido.
Te mando kgs de abrazos y buena vibra
_tEo...
Oye, me he dedicado a leer cada uno de tus post y de verdad que estoy muy sorprendida quedé atónita con muchos de tus escritos. Ya tienes por aquí, a otra lectora que seguirá fielmente tus letras.
Besos.
Mis cadáveres te saludan.
Me encantó, simplemente maravilloso.
De verdad........y esa imágen es una de mis favoritas.
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