Causalidad

Los días se fueron tan rápidos como la estela que deja el movimiento de las alas de un colibrí. Ni siquiera los pude divisar. A pesar de esa vertiginosa velocidad, muy a lo interno la vida se me pasaba como una canción de Coldplay: lenta, sonora, in entendible pero con una paz que se enterraba en mis venas como una dosis absurda de opio amarillo.
Mis ojos aun están inflamados. Los pobres se mantienen abiertos encima de ti. A cada instante. Es como un vicio.
Enséñale a manejar
Facebook a tu hermanito adolescente y entenderás lo que te digo.
La musa se transformó en cuerpo humano. Las letras poco fluyen, pero las palabras que se dicen se vuelven un océano de admirable poesía.
¡Roba almas!
Soy más confeso. Nunca me fije que cara a cara la respiración se vuelve más caliente y agitada. Los ojos se achican y la vista se nubla, se dobla, se pierde.
Como cuando en medio de una borrachera intentas disimular tus pasos confundidos y respiras profundo para darle oxígeno a tu cerebro y pensar mejor. Al final te terminas cayendo.
Maldito trabajo, obstinado amor que me consume, desgraciados que me controlan con normas.
No me importa lo que digan los demás. Que si ya no soy creativo, que si les tortura el hecho de que no escribo más. No me importa. Ellos son sólo efectos especiales en una película de bajo presupuesto.
Estoy sonriendo y mis dientes se reflejan en las fotografías con mucha naturalidad, algo doblados y con un tono muy sutil de amarillo nicotina. También la cara de idiota es digna de comentar.
La conclusión de esta absurda escena es una página en blanco, los oídos sucios, el tono grisáceo oscuro de la bolsa de mis ojos y la pérdida del sentido de ubicación, mientras paso todo el día con ganas de echarme en una cama a masturbarme y a ser feliz. Como jamás lo he sido. Con el teléfono en la mano por supuesto. Definitivamente sólo tú sabes cómo me siento. Así únicamente se puede hacer el amor.
Por cierto que ahora me llegan muchos más mensajes después de haber tomado aquella decisión de decir a todos lo que nos pasaba. Ese día que acepté que ya la mierda había cogido su cauce, que por más que me resistí, al final me arrodillé resignado a los designios de aquel Ser superior.
Pura causalidad. Sí, CAUSALIDAD
Ellas vienen a mí. Así de inmodesto voy a ser. Según dicen atrapadas por un aire de simpatía. Al final yo creo que es el instinto de echar todo a perder. De la envidia que siempre las carcome por esa soledad tan pronunciada que golpea como un cañonazo a la mayoría de esas infelices. Lástima que seamos tan pocos.
Es como un imán; simplemente se enteran, su perra interna se transforma y lo único que piensan es en acabar con lo que no pueden tener. ¡Putas!.
Son una calca de actuación de Los Pixies, Lex Luthor, Mr. Bearn, Cell, Megatrón y todos esos villanos de fantasía.
Sí, asumo mi culpa, yo les sigo el juego. Pero eso no es motivo para que continúen con su afán de destrucción. Pongo mis límites y son tan claros que lo normal sería que recularan sin pensarlo en demasía.
Pero pasa todo lo contrario, el imán se multiplica en tamaño y potencia. Pero es realmente tarde para que se cieguen con una oportunidad que nunca les llegará.
Estoy rendido en un campo de batalla rodeado de minas, y con el enemigo viéndome con su mira láser de alto alcance e impacto. Todos mis compañeros están a mí alrededor mutilados y asesinados. Tienen orificios en sus cuerpos del tamaño de una manzana y la sangre le corre por todo el cuerpo y no es precisamente a través del torrente sanguíneo. No es una buena imagen. Mientras me escondía pisé la cabeza de mi amigo, caí al suelo y me topé con la mano de otro; recuerdo que lo reconocí por el anillo de compromiso en su dedo.
Espero sean suficientes estas pruebas para que te olvides del asunto y me creas.
No ha sido fácil.
A veces escucho voces. Lamentablemente no son tan fuertes como para entender lo que dicen, pero sé que son voces. Lo cómico es que la botella no está vacía cuando la levanto con mis manos y veo a través de ella, en la mesa sigue la misma cantidad de polvo, creo que 80 veces más potente del de hace siete años. Y en la cama, la mismas piernas de la madrugada anterior.
Pero ahí están esos incoherentes ecos. Como las canciones que no entendemos pero igual las seguimos cantando. Como el idioma que no sabemos pero nos parece divertido hablarlo.
Ya nada es igual. Ahora sin alma sigo pensando que todo está perdido. Además hay que sumar el hecho de que mi corazón late mas rápido, digo palabras cursis y me pajeo con menos frecuencia. Todo es por ti.
Te recuerdo que soy el mismo de experiencias pasadas. Sólo que ahora con más compromisos y menos tiempo. Pero siempre contigo, aunque no estés aquí. Divagando.

1 comentarios:

Karla Pravia Álvarez dijo...

te traen loquito odiosito jejejejeje. Muy bueno el escrito y la forma como describes lo que sientes.

Saludos de guerrera!