Disociaciones


Me aburro fácilmente. Me gusta estar solo, pero odio la soledad. Mido 1.77 y siempre digo que es 1.80. Rebajé 12 kilos en tres meses y por primera vez desde los 13 años peso menos de 100. He leído menos libros de los que aparento. Cualquier información que requiera mi vida la busco en Google. Cuando me gusta una tipa le reviso el perfil de Facebook todos los días.
Me gustan las mujeres bellas. Las flacas. Las de cara bonita. Pero les tengo miedo. Soy un autosaboteador de las relaciones. Soy católico. No me apego a la gente a menos que necesite algo de ellos.
Tengo pocos amigos. Sólo tres e igual número de amigas. Y una está muerta. Las otras dos lejos. Me gusta beber pero no me rasco. Para acostarme con una mujer siempre la hago creer que es muy inteligente. Mi primera borrachera fue con anís y de ahí en adelante cualquier cosa que se le parezca me dan ganas de vomitar.
Odio el reggaetón pero me gusta bailarlo en las discotecas. Fumo desde los 16. Soy Tauro pero no creo en los signos y me parece ignorante la gente que sí lo hace, incluyendo mis familiares.
Para decidir mi carrera fui a un sicólogo. Soy periodista porque me lo dijo un sicólogo. Tengo un coeficiente por encima del promedio pero no sé cuál es. Mi memoria es pésima. Soy odioso. Obstinado. Sincero. Me encanta el dinero. La familia.
Nunca he sido infiel. Sólo me he enamorado dos veces en mi vida. Me dan asco los ratones y las cucarachas. No me gusta el bosque. Amo la televisión. Odio a los políticos. Tengo sueños raros donde me caso disfrazado de hombre araña.
Nunca conocí a mi abuelo paterno. A mi abuela muy poco. No me importa. Nunca he vivido la muerte de un familiar cercano. Nunca veo a los muertos en las urnas. No como cebolla. Tengo mentalidad de gordo vulgar. Tiro peos, me saco los mocos en la calle y los pego de lo primero que consiga. Me he acostado a dormir sin bañarme luego de hacer ejercicios. Le hago creer a las mujeres mayores que me gustan.
A mi última novia le dio cáncer de seno. Me gusta el chocolate, el casabe, la salsa de tomate. A veces me quiero casar. Me dan miedo las relaciones largas. No quiero que mi esposa engorde como vaca. Siempre uso interior y bóxer. Prefiero las medias blancas.
Tengo mucha autoestima. Me sube el ego que la gente hable de mí. Puedo mentir fácilmente. Me cuesta llorar, pero me pongo triste fácilmente. Quiero ayudar en alguna fundación que ayude a cualquier cosa pero nunca me he decidido a hacerlo. Me importa poco lo que digan los demás. Titulé este escrito disociaciones porque me gusta la palabra.

Diez




Un poco de paciencia. Estar dispuesto a esperar. La vida sigue.
Luego de ocho meses tu piel sabe igual, huele igual. Se siente igual.
En 32 semanas tu cabello es más largo, tu panza más firme, tus piernas más fuertes.
Si hablamos de puntuación tienes un 10.
Te hizo bien esperar. Mucha paciencia. Seguiste tu vida.
El domingo en la mañana abrí mis ojos al resplandor del sol que entraba por la habitación. Miré mi reloj y eran las 10:10 de la mañana. Casualmente del día 10 del mes 10 del año 2010. Y te abracé.
Probablemente millones de nerds querrían haber hecho lo mismo en ese preciso instante. Pero ninguno lo disfrutó tanto como yo. Ni en 100 años.
Tampoco tuvieron los 10 orgasmos que sumamos la noche anterior. Ni pueden mover su lengua alrededor de la tuya 10 veces antes de morder tus labios y acariciar tu cintura.
Es cuestión de decisión. A las 10:10 de la noche de hoy cuando la aguja del reloj marcó los 10 segundos te volví a abrazar, esta vez no estabas dormida, y el resplandor que en la mañana bendijo mis ojos lo sustituyó tu perfecta sonrisa. Te dije al oído que te amo y no sabías porqué.
Sólo un poco de paciencia. Que estés dispuesta a esperar. La vida seguirá igual.
Es cuestión de ciclos y mañas de escritor. Con números o letras. Es la única manera de que la vida cuadre. Aunque no tenga sentido.
A las 10:10 am del 10/10/10 no necesité pedir ningún deseo. Ya se me había cumplido. Son pretensiones del calendario, de números binarios, de unos y ceros, de diez, entre dos.
El día 10 del mes 10 del año 2110 es seguro que no voy a estar aquí. Tú tampoco. Pero este escrito sí. Y probablemente nadie se acordará de nosotros, sólo en números y letras.

Distraccióन fugaz



No tuve tiempo para deseos. Pero al apagarse la llama fugaz la oscuridad del cielo se vio iluminada nuevamente. Con su rostro. Y aproveché el momento para pedirle que estuviera conmigo y confesarle que no dejo de pensar en ella. Que me muero por tener algo con ella.
Sí, lo acepto, la deslumbrante belleza de aquella estrella fugaz obnubiló mi memoria. Cómo le explico que no quedó en segundo plano ante tan hipnotizante belleza.
No lo discuto. En seis segundos me asombró una repentina luz en el cielo que me hizo olvidarla, pero es que el resto de las 23 horas 59 minutos y 54 segundos del día sólo pienso en ella.
Excusas. Recuerda que una estrella fugaz está muy lejos de ser algo similar a una estrella.
Ten en cuenta que si por milésimas de segundos pierdes su trayectoria esta ya se apaga, se ha ido. Desaparece.
Igual me atosigan los remordimientos. Una mea culpa intransigente. Las ganas incontrolables de pedirle perdón por no ser suyo las 24 horas. Se lo merece.
Cualquier consecuencia me la merezco.

De insistir y desistir



Ella insiste en hacerme creer que llora en silencio con el niño entre sus brazos y el marido a su lado. Que por más que lo intenta me recuerda. Y sus lágrimas recorren los recuerdos más lindos que alguna vez osó compartir conmigo.

Que nunca la trataron igual. Que se arrepiente y no supo esperar.Que todo pasó tan rápido, que no fue su decisión, que pensaba en mí, que no lo disfrutó.

Decidió correr en medio de la marea, y no consiguió protección, la arrastró el poderoso vendaval de las conjeturas humanas y largo su camino por el lado de las despreocupaciones y las ventajas materiales.

Tiempo después su voz suena torpe y débil. A lo lejos se escucha un llanto de bebé que retumba en mis oídos más fuerte que una explosión. Es una guerra interna entre la razón y la esperanza de un amor imposible. Cada vez más imposible.

Insiste.

Saca argumentos banales para confrontar el tropiezo que da hasta el acantilado. Sin obstáculos. Muy cerca del despeñadero.

Las suelas de sus zapatos siguen frenadas en la punta del abismo. La piedra cae hasta el fondo y no hay rastro del sonido de su caída. Mientras más intenta retroceder mas rocas caen y más próximo es su aparatoso vuelco hasta esa infinita oscuridad. ¡Plop!

El recién nacido sigue llorando y ella conteniendo sus lágrimas. Una se escapa y bordea sus mejillas. Insiste en qué no pasa nada. Escucha la voz y todo sucede. Como en un carrusel, das las mismas vueltas pero en cada una vez una realidad diferente.

A lo lejos yo miraba su desesperación. Mi corazón apretujado, desnudo, consumido, pedí a gritos una respuesta y las preguntas se multiplicaban mientras la tormenta pasaba sin dejar árbol en pie, piedra en tierra. Y todo quedó devastado.
Ni en los momentos más difíciles cuando el llanto ahogaba mi respiración nunca dudé de su amor.

Mientras el sudor de mis nervios mojaba la soga que ataba mi cuello yo insistía en la pureza de sus palabras y criticaba la genuflexión de sus acciones.

Yo también insistí, yo también lloré.

Cuando no te tengo a ti


Muchas veces he sentido que mis palabras más fuertes
Se pierden en el silencio y en el fondo de tu mente

Que luchar no vale nada, sino encuentro tu mirada,
Que tu sentimiento es mío, sin ti no hay calor ni frío

Se me acaban las palabras y me sobran los motivos
Cuando no te tengo a ti, no siento pena ni gloria

Cuando no te tengo a ti, no hay ideas ni memorias

Solo he llegado a tener fe en lo que de ti aprendí

Y si te vas no tengo a nadie que ilumine mi camino
Y cuando no te tengo a ti hay tanto espacio vacío

Que todo se me hace triple, que toda cosa me sobra
Se me borra la sonrisa, me comporto más cobarde

Se me pierden las señales y carezco de sentidos

Cuando no te tengo a ti, no tengo ni una alegría
Cuando no te tengo a ti, no pienso ninguna historia

Frases Básicas de Convencimiento




Hoy dedico mis palabras a corromper tu indiferencia. Saco mis letras embadurnadas de vaselina para desatar con suavidad tus maniatados deseos de sentir más allá de los límites.

Con mi lápiz de frenesí número dos escribiré arrebatadas frases que traducirán a mi idioma las páginas de tu diario íntimo. El mismo que mojaré con mi tinta blancuzca, a veces transparente, hasta humedecer la apatía de tus piernas.

Voy a romper los candados que trancan las rejas del jardín de tus pasiones; si no puedo, brincaré la cerca y caeré encima de ti, directo en la espinosa flor de dulce néctar cohibido.

Superaré las barreras de tu desgano con intensos gemidos en tus oídos y con un hisopo bañado en deseo mojaré tu neutralidad. Inundando de fluidos la sequedad de tus antojos pasionales.

El óbice de tu desenfreno será traspasado por mi viril inteligencia. Rimando cada parte de tu cuerpo con oraciones que terminen en “ción”, como por ejemplo: intención, provocación, seducción, aceptación hasta llegar a la sutil penetración.

Para así transcribir una nueva historia en las hojas manchadas de un libro donde en el final (feliz) saldrás tu corrompida y yo satisfecho.

Ambos sonriendo

Confesiones



Te confieso. No es mi problema que te guste mentir.

Con descaro regresaste frente a mí a mostrarme tus labios rojos. Esos mismos que se inflaman ante tu alergia a la barba. Los que yo besé hasta que se me acabó la saliva, hasta que los irrité de deseo. Los derretí con mi saliva, mientras jugabas con tu lengua en mi boca.

Primero fue una excusa. Repentinamente me llamaste mentiroso ante la cobardía de aceptar tu falta. Jugaste sucio y yo con los ojos caídos te miré con vergüenza. Pensándome malo.

Cuando sientes vergüenza tus ojos se mantienen alertas, nunca cierran. Eres de armas tomar. De peligrosidad extrema. Eres de romper sentimientos.
Corrijo: es mentira, no tienes vergüenza.

Si intentas todos los días sumar tus falsedades, el efecto no será bola de nieve. Serás tú engañándote a ti misma y yo esperando la eterna venganza. Porque lo que aquí se hace, aquí se paga. ¿Trillado no? Pero es la pura verdad.

En estos momentos estás muy feliz. Pero al final, la sonrisa en los labios estará de mi lado y en tu estómago esas mariposas que hoy vuelan sumisas se convertirán en vampiros con un hambre voraz.

Te comerán las entrañas y yo disfrutaré un sorbo de eso.
No es que te desee mal. Eso nunca. Sólo quiero que pagues tu mentira.

Y yo cobrar mi venganza.

ESTE POEMA ES EL PRIMERO PUBLICADO EN MI COLUMNA DE LA REVISTA DIGITAL EXTRACTO.

Tres clases de flores; y TÚ



Es un reto. No soy un experto en flores, lo reconozco, pero puedo distinguir tres cosas:

1. Una rosa de un clavel.
2. La cayena de la azucena.
3. A ti de otra mujer.

Te conozco en tres flores y en tres colores:

1. La de tus pensamientos (anaranjada).
2. La de tus deseos (dorada).
3. La de tus sentimientos (roja).

Cada cual con sus tres oportunas explicaciones:

1. Con la anaranjada me aborda la incertidumbre al buscar los pretextos más absurdos para entrar en tu cabeza.
2. Con la dorada me acechan las dudas de si estoy en la capacidad de cumplir con todos esos anhelos.
3. Y la razón me golpeó de manera impactante porque luego de que entre en tu cabeza y cumpla todos los anhelos, me tocará esperar que decidas regalarme tu corazón, rojo, como la última flor.

Así en tres pasos distinguí la misma cantidad de características que reflejaron tus flores:

1. Piensas lo que dices.
2. Vives soñando.
3. Y que tu corazón es del tamaño de tus pensamientos y tus sueños.

Entonces me toca adivinar cómo poner a mi favor lo que pude distinguir en tus tres flores:

1. Lograr que pienses en mí.
2. Demostrarte que sueño tanto como tú.
3. Y que mi corazón es rojo, grande y sentimental (como el tuyo) como tu última flor.

Finamente puedo dirimir tres circunstancias que desencadenarían mi análisis de tus tres flores:

1. Que te guste y me pienses.
2. Que no te guste y sea un sueño
3. Ninguna de las anteriores.