Hablando de tus pantaletas




Siempre me ha gustado hablar de tus pantaletas. Era un secreto bien guardado. Te veía y muy dentro de mí pensaba que tu enorme culo resaltaba el colorido estampado que adornaban tus pantaletas.

En un acto especialmente religioso para mi causa. Disfrutaba meter mi mano por el borde de tus pantaletas, enredar mis dedos en los bordados y bajarlas hasta el final de tus piernas.

No era una tarea fácil. Las exhibías con naturalidad. Normalmente para desenterrar de tus entrañas la calentura de tus deseos, halaba con mis manos debajo de tu pantalón y por encima de tus nalgas, el vistoso hilo que acostumbrabas a llevar religiosamente. Entre los besos, gemidos y caricias el tirón a tus pantaletas apretaba su tela contra los labios de tu intimidad. Vaya gozo.

Siempre captabas mi atención. Especialmente con tus pantaletas. Como la rosada con bordados de corazones blancos que arranqué de tu piel y tiré al lado de la cama aquella intensa tarde luego de una, dos o tres semanas sin vernos, que sé yo. Ya qué importa. Sólo recuerdo tu alarido de placer al ver mi mano sosteniendo tu minúscula, y desde ese momento rota, pantaleta.

Las mismas que te regaló tu mamá luego de aprovechar ese descuento. Y que sacaste del bolso mostrándome a contraluz la variedad de colores y sabiéndote dueña de mis más bajos pensamientos. Sonriendo pícaramente, conociendo mis intenciones y la voracidad de mis ganas de verte paseando tu culo por toda la cama modelando tus pantaletas.

Esas que hermanaste con mis medias y casaste con mis interiores. Que despiertan los recuerdos cada vez que abro la gaveta y encuentro apiladas como un libro abierto en el fondo de la caja. Sonriendo, insinuando, torturando mis pensamientos. Presumiendo de sus vivos colores y los juegos simulados que intentaban imitar con palmadas el color de tus nalgas con tus pantaletas.

Que bolas de amor




Que bolas que se acabó ese amor y hoy apenas me doy cuenta.
Que bolas porque era de esos sin iguales, que no necesitan confirmación.
De los que se descubren con la mirada, que no buscan explicaciones.
Que bolas, porque era un amor bonito.

Que bolas que se acabó ese amor y se fueron las oportunidades.
Que bolas porque era esos que anhelan, que extrañan.
De los que te dejan sin respiración y con olor a felicidad.
Que bolas porque era un amor como pocos.

Que bolas que se acabó ese amor y las luchas fueron pocas.
Que bolas porque era como de telenovelas, de final romántico.
De los que fueron felices para siempre y de los que sólo separa la muerte.
Que bolas porque esos amores dan envidia.

Que bolas que se acabó el amor y no hubo vuelta atrás.
Que bolas porque era empalagoso, de los que se roban las miradas ajenas.
Que caminan por la calle sin miedo, con la frente en alto.
Que bolas porque era un amor fuera del montón.

Que bolas ¿no? Se nos acabó el amor.

Calidad de ti






Recuerdo que de noche escribí una carta justificando la acometida de una locura,

Me detengo para comenzar lo que no tiene fin,

pues me quita el aire contigo, porque me ahoga sin ti,

pues me quita el aire (estar) contigo, porque me ahoga (estar) sin ti

porque se me consume el tiempo con ella y se me amarga sin ella y ella.


No pretendo conseguir a la de especificaciones indicadas,

quiero a quien me especifique por siempre,

que no me envuelva con sus cualidades,

sino que haga de mi, calidad.


Me da terror yo con ella, nunca ella, siempre yo;

que no me consiga, que no pueda verme reflejado en mi presente,

que quiera en ocasiones volar solo, sin explicaciones,

que no consiga en ella de donde apoyarme para saltar,

que necesite tomar de la mano a otro alguien que muera por acompañarme,

y que, nada... más nada.

Sólo quiero que me acompañes tú.

"Purongas"




Aparentemente no existe lugar en el Universo, donde ella pueda dejar de pensar en aquello que debe pero no quiere.
Parece no interesarle eso de que "el que quiere puede".
Es posible conseguir luego de cada presentación un par de sumisas y débiles preguntas que desentierran miedos, mortificaciones y preocupaciones.
Es tan crudo, que congela hasta la sangre más gélida, pero siempre la escucho decir que no quiere volver; a pesar de todo lo importante y trascendental.
Pero repite que no, no quiere volver.
El tiempo le cachetea las "purongas" y ella molesta se da cuenta que un año es absolutamente nada.

Como si nada




Reconozco a lo lejos tu caminar pausado y tu rostro tranquilo. Tus pequeños labios se mojan por los nervios que salivan tu lengua y tus pupilas se dilatan cuando tu cerebro reconoce mi silueta. Sigo por la misma acera y hago como si nada, como si no te reconocí. Creyendo que es más fácil huir por el camino de la libertad, sabiéndote el corazón oprimido, aguantando las ganas de llorar.

O podría disimular una mirada distante y levantar mi mano para saludarte a los lejos, mientras pienso que "a lo lejos" habría sido la mejor manera de mantener nuestros cuerpos desde el comienzo. Y sigo por la misma acera y hago como si nada, como si no hubiese pasado nada entre los dos.

También existe la posibilidad de que te vea a lo lejos, nos reconozcamos y cruce la calle con el paso acelerado a son de los latidos de mi corazón. Voy a simular una sonrisa de alegría que pienso acompañar con un beso simple, seco, de pocos conocidos mientras te pregunto ¿cómo estás? disimulando los entrecortados nervios que saltarán de mi voz. Cruzo la acera, hago como si nada, y sigo mi camino.

Te puedo ver en la calle a lo lejos y sonreír, con gusto, cruzar la acera, mirarte fijamente a los ojos, darte un jugoso beso en la mejilla y aprovechar la cercanía de tu oído para soltar un !Que bella estás!. Y volver a mi acera, haciendo como si nada. Mientras camino y reflexiono que, simplemente, a veces no es suficientes hacer las cosas bien.

También del lado más lejano de la acera te podría reconocer y correr hasta estar cerca de ti, para apretarte con tantas ganas que no vas a necesitar más abrazos en tu vida, hunda mi cabeza en tu cuello para recuperar tu olor y te diga al oído que te amo. La sensación no será nueva para ti. Y regreso a mi acera, con el nudo en la garganta hago como si nada, como si lo que pasó entre los dos no debe volver a pasar.

Capaz y te vea por la calle y no cruce la acera, no te mire a los ojos, no aceleres mi corazón y pases a mi lado como si nada, porque aunque los recuerdos no se borren y las preguntas siempre vuelvan, no te reconoceré. Ese día, ese buen día, volveré tranquilo a mi acera y seguiré mi camino, como si nada.

A fin de cuenta lo importante es que con el riesgo de verte o no verte pienso volver a mi acera, no importa cómo, dónde ni cuándo. Como si nada.

Disociaciones


Me aburro fácilmente. Me gusta estar solo, pero odio la soledad. Mido 1.77 y siempre digo que es 1.80. Rebajé 12 kilos en tres meses y por primera vez desde los 13 años peso menos de 100. He leído menos libros de los que aparento. Cualquier información que requiera mi vida la busco en Google. Cuando me gusta una tipa le reviso el perfil de Facebook todos los días.
Me gustan las mujeres bellas. Las flacas. Las de cara bonita. Pero les tengo miedo. Soy un autosaboteador de las relaciones. Soy católico. No me apego a la gente a menos que necesite algo de ellos.
Tengo pocos amigos. Sólo tres e igual número de amigas. Y una está muerta. Las otras dos lejos. Me gusta beber pero no me rasco. Para acostarme con una mujer siempre la hago creer que es muy inteligente. Mi primera borrachera fue con anís y de ahí en adelante cualquier cosa que se le parezca me dan ganas de vomitar.
Odio el reggaetón pero me gusta bailarlo en las discotecas. Fumo desde los 16. Soy Tauro pero no creo en los signos y me parece ignorante la gente que sí lo hace, incluyendo mis familiares.
Para decidir mi carrera fui a un sicólogo. Soy periodista porque me lo dijo un sicólogo. Tengo un coeficiente por encima del promedio pero no sé cuál es. Mi memoria es pésima. Soy odioso. Obstinado. Sincero. Me encanta el dinero. La familia.
Nunca he sido infiel. Sólo me he enamorado dos veces en mi vida. Me dan asco los ratones y las cucarachas. No me gusta el bosque. Amo la televisión. Odio a los políticos. Tengo sueños raros donde me caso disfrazado de hombre araña.
Nunca conocí a mi abuelo paterno. A mi abuela muy poco. No me importa. Nunca he vivido la muerte de un familiar cercano. Nunca veo a los muertos en las urnas. No como cebolla. Tengo mentalidad de gordo vulgar. Tiro peos, me saco los mocos en la calle y los pego de lo primero que consiga. Me he acostado a dormir sin bañarme luego de hacer ejercicios. Le hago creer a las mujeres mayores que me gustan.
A mi última novia le dio cáncer de seno. Me gusta el chocolate, el casabe, la salsa de tomate. A veces me quiero casar. Me dan miedo las relaciones largas. No quiero que mi esposa engorde como vaca. Siempre uso interior y bóxer. Prefiero las medias blancas.
Tengo mucha autoestima. Me sube el ego que la gente hable de mí. Puedo mentir fácilmente. Me cuesta llorar, pero me pongo triste fácilmente. Quiero ayudar en alguna fundación que ayude a cualquier cosa pero nunca me he decidido a hacerlo. Me importa poco lo que digan los demás. Titulé este escrito disociaciones porque me gusta la palabra.

Diez




Un poco de paciencia. Estar dispuesto a esperar. La vida sigue.
Luego de ocho meses tu piel sabe igual, huele igual. Se siente igual.
En 32 semanas tu cabello es más largo, tu panza más firme, tus piernas más fuertes.
Si hablamos de puntuación tienes un 10.
Te hizo bien esperar. Mucha paciencia. Seguiste tu vida.
El domingo en la mañana abrí mis ojos al resplandor del sol que entraba por la habitación. Miré mi reloj y eran las 10:10 de la mañana. Casualmente del día 10 del mes 10 del año 2010. Y te abracé.
Probablemente millones de nerds querrían haber hecho lo mismo en ese preciso instante. Pero ninguno lo disfrutó tanto como yo. Ni en 100 años.
Tampoco tuvieron los 10 orgasmos que sumamos la noche anterior. Ni pueden mover su lengua alrededor de la tuya 10 veces antes de morder tus labios y acariciar tu cintura.
Es cuestión de decisión. A las 10:10 de la noche de hoy cuando la aguja del reloj marcó los 10 segundos te volví a abrazar, esta vez no estabas dormida, y el resplandor que en la mañana bendijo mis ojos lo sustituyó tu perfecta sonrisa. Te dije al oído que te amo y no sabías porqué.
Sólo un poco de paciencia. Que estés dispuesta a esperar. La vida seguirá igual.
Es cuestión de ciclos y mañas de escritor. Con números o letras. Es la única manera de que la vida cuadre. Aunque no tenga sentido.
A las 10:10 am del 10/10/10 no necesité pedir ningún deseo. Ya se me había cumplido. Son pretensiones del calendario, de números binarios, de unos y ceros, de diez, entre dos.
El día 10 del mes 10 del año 2110 es seguro que no voy a estar aquí. Tú tampoco. Pero este escrito sí. Y probablemente nadie se acordará de nosotros, sólo en números y letras.

Distraccióन fugaz



No tuve tiempo para deseos. Pero al apagarse la llama fugaz la oscuridad del cielo se vio iluminada nuevamente. Con su rostro. Y aproveché el momento para pedirle que estuviera conmigo y confesarle que no dejo de pensar en ella. Que me muero por tener algo con ella.
Sí, lo acepto, la deslumbrante belleza de aquella estrella fugaz obnubiló mi memoria. Cómo le explico que no quedó en segundo plano ante tan hipnotizante belleza.
No lo discuto. En seis segundos me asombró una repentina luz en el cielo que me hizo olvidarla, pero es que el resto de las 23 horas 59 minutos y 54 segundos del día sólo pienso en ella.
Excusas. Recuerda que una estrella fugaz está muy lejos de ser algo similar a una estrella.
Ten en cuenta que si por milésimas de segundos pierdes su trayectoria esta ya se apaga, se ha ido. Desaparece.
Igual me atosigan los remordimientos. Una mea culpa intransigente. Las ganas incontrolables de pedirle perdón por no ser suyo las 24 horas. Se lo merece.
Cualquier consecuencia me la merezco.