Virtualmente fatal (I)


El día en que Anabella dejó de responder e ignorar por el Messenger los mensajes de Samuel su destino cambió para siempre. Ella era alta, escultural y hermosa. Él no lo sabía, porque nunca la había visto en persona, a excepción de unas fotos muy sugerentes que colocaba en el avatar de su ventana de conversación y que fácilmente la podrían describir como una femme fatale.

Así era, fatal. Si ganabas su atención tenías que trabajar fuerte para mantenerla; no sólo por lo impersonal que resulta una charla virtual con una desconocida de un chat, sino porque ella exprimía lo mejor de ti en las primeras de cambio y luego de sacarte todo el jugo de tu virilidad quedabas sin argumentos para responder a sus ansias de placer.

Claramente te usaba, esa es la mejor palabra. Te seducía con un nickname ardiente, te saludaba con insinuación y luego hipnotizaba tu calentura y te llevaba directo a sus pies.

Apenas te daba su correo te sentías el hombre más afortunado de la, literalmente, bulliciosa sala de Sexo del Chat, de alguno de estos consorcios multinacionales de Internet, que sacan sus ganancias a costillas de ingenuos y enfermos internautas con tarjetas de crédito y pocas relaciones sociales.

Pero el tema no son los consorcios, ni sus clientes. Lo primero que te atraía era el nombre de su correo, una especia de mezcla de alguna guerrera de estas comiquitas chinas de los años noventa, con el de súper estrella pop americana amada por millones de adolescentes libidinosos en el mundo.

Posteriormente la agregabas (con cierto temblor en tus dedos ante la posibilidad de que semejante hembra imaginaria te haya dado un correo ficticio) y abrías el umbral de sus secretos como la puerta de un enorme castillo medieval. Nunca usaba su verdadero nombre y de los más de 500 hombres que tenía en su lista de contactos apenas unos diez lo sabían.

Una de sus tantas “víctimas” la llegó a describir como una “prostituta virtual”, con la salvedad de que lo único que te daba a cambio eran palabras subidas de tonos, que te tocaban justo en lo más profundo de tu necesidad sexual.

Cuenta el joven que lo invitó a encender su webcam y ante su atractivo porte lo engalanó de los piropos más altisonantes, acarició con sutileza su ego masculino, y logró crear en él unos deseos inmensos de poseerla. Lo que trajo como consecuencia una erección de inusitadas proporciones.
Mastúrbate para mí – le escribió -.

Y con brusquedad acariciaba su pene mientras miraba la imagen de aquella diosa en traje de baño, que lo mantenía intensamente excitado con sus letras.

Ponte en cuatro y pon tu trasero para la cam, papi – le inquirió la mujer. Y lo invitó a tocarse el ano y a meter su dedo mientras ella observaba impasible (supongo yo) y leía los quejidos de dolor que redactaba el muchacho, y que ella aliviaba con amenazas de cerrar, para siempre, la conversación que lo mantenía en una posición incomoda, dudosa y con cierto aire de vergüenza, que sólo aplacaba la continúa estimulación de sus partes íntimas.

- Qué rico lo haces, eres muy bello y sexy. Me excitas – afirmaba con sus dedos en el teclado para seguir manteniendo su control sobre el auto-ultrajado adolescente de tez blanca y cuerpo atlético.

- Voy a acabar – transcribió el chico velozmente en la computadora para volver rápidamente sus manos al juego sexual transmitido en vivo y directo, sin cortes comerciales.

- Sí quieres que te llame por teléfono para que nos conozcamos y escuches mi voz, cuando acabes, te la tomas –

- Mami pero que asco – inquirió él.

- Ya yo hablé, sino no hay nada – refutó ésta y colocó una serie de caracteres en su teclado que al darle enter se transformaron en un emoticón amarillo que cruzaba sus brazos en el pecho con aires de superioridad y el ceño fruncido.

Pues sí, llevó sus manos bañadas en esperma hasta su boca y empezó a saborear su néctar de vida bajo la ilusión de un contacto auditivo que se suponía lo llevaría a sensaciones y sentimientos inigualables. Mientras, continuaba leyendo como esa extraña seductora lo invitaba a lamer hasta la última gota de su semen blancuzco y sedoso.

Cuando limpiaba de su mano los últimos restos de leche, la cámara se cerró y leyó petrificado una oración que aún recuerda como sí le estuviese pasando en este preciso momento:

- Chamo mosca con lo que haces, cuidado alguien malo te graba, vas a quedar en pena -.

Esa fue la última vez que se le mostró a alguna chica por Internet, ahora asegura que si no tienen webcam no hay sexo virtual.
Sin embargo Anabella mantenía cierta razón concienzuda que la llevaba a explorar a límites inimaginables las bondades que le ofrecía ser una mujer bella en Internet, con una sagacidad codiciada para las conversaciones sexuales y una rapidez inusitada pata usar el teclado como su arma, que a la postre se convertiría de doble filo.

En una de mis largas charlas nocturnas con ella, mucho tiempo después que logré superar el obstáculo de la desconfianza virtual, confianzudamente le pregunté que tipo de satisfacción obtenía ante la barbaridad de estimular tal actuación. Inquietantemente me respondió ser crítica acérrima del machismo y que era su manera de vengarse de los tipos que “se la dan de hombrecitos y pasan pena”, sobre todo a los que continuamente le escribían “te muestro mi pene mami, soy el mejor en la cama”.

Recordaba claramente el episodio del chamo al que le indujo meter sus dedos en el ano y tragar su propia esperma. Lo reveló con una sonrisa pícara y soltó sin descaro que aquella en aquella situación no había tenido que mostrar ni siquiera “una tetica”.

- Era un chamito vale, después me dio vaina por lo que le hice, a veces se conecta -

¿A qué le temes?




Le temes a lo que te pueda hacer creer. A la utopía de una caricia cercana, un abrazo sentido, una mordida crujiente. Le temes a mis ganas de ti. Le temes a tu miedo a ser descubierta y sobre todo le temes a darte cuenta que estás tan sola como yo, aunque en el papel, en la pantalla y en los teléfonos creamos estar acompañados.
Le temes a que deje de rogarte que duermas conmigo, abrazados, con ganas de besarte y aceptar que no me lo permites.
Le temes a no resistir la tentación de hacerte la dormida mientras busco tus labios y muevas tu boca en señal negativa, queriendo que crea que estas en un sueño profundo, cuando por encima de tu piel se te notan las ganas, tus poros huelen a mí.
Hasta las cenicientas dormidas se dejan besar.
Le temes a que me gusta el olor de tu cabello y que beso tu frente ante la imposibilidad de tus labios. Le temes a que te siga gustando acariciar mi pecho por encima de la camisa de dormir, que te diga que no me sigas abrazando. Le temes a que te pida que te quedes un ratico más conmigo.
Sé que le temes a nuestro cuerpos danzando, sexy y pasivamente al mismo ritmo, a nuestras miradas cruzándose intentando simular una indiferencia que no existe. Le temes a mis ganas de ti. Me temes a mí como yo a ti.

BREVE RELATO SIN RAZÓN


DE REPENTE ME QUEDÉ SIN NADA QUE DECIR Y ME PARÉ EN ESA ESQUINA A OBSERVAR TU MIRADA PERDIDA EN EL FONDO DE LA PANTALLA OSCURA.

ELLA REFLEJABA DE A POQUITO TUS SUEÑOS QUE ERAN MIOS. MIOS PORQUE EN LAS NOCHES CUANDO TUS SANDALIAS DORMÍAN BAJO MI CAMA JUGABAMOS A HACERNOS LOS MUERTOS E IMAGINAR QUE CAMINABAMOS POR LA NUBES EN BUSCA DE DIOS.

YO PREGUTNABA CUÁL ERA EL CAMINO MÁS FÁCIL PARA MORIR Y SIN HAYAR RESPUESTA ALGUNA, EL REFLEJO QUE SE ASOMABA EN MI ALMA ERA EL DE LA SOLEDAD QUE SIENTES CUANDO PIERDES A QUIEN MÁS SE AMA SIN RAZÓN APARENTE. ASÍ ES MORIR SIN CERRAR LOS OJOS.

NO SE AMA CUANDO SE QUIERE SINO CUANDO SE PUEDE.

LAS PAREDES BLANCAS DE AQUELLA ESQUINA ME ENFRIABAN LAS ESPALDA COMO UN HIELO PEGADO EN MI COLUMNA, DABA MUESTRAS DE DESESPERACIÓN PERO NO HABÍA NADIE PARA AYUDARME Y TU SEGUÍAS INMUNE CON LOS OJOS IDOS HACIA UN FUTURO QUE NO ERA MÍO.

NO ERA MÍO PORQUE CUANDO TE LO PEDÍ LOS MUROS SUBIERON DE CENTÍMETROS A METROS, KILÓMETROS Y EN EL PEDESTAL DE LA PARED SALIERON FILOSAS AGUJAS QUE AL MÍNIMO ROCE ME HARÍAN SANGRAR HASTA SOLTAR MIS ENTRAÑAS.

NO ES UN SIMPLE CUENTO DE DESAMOR.

AUN TE PIENSO. LEJANA Y DISTANTE COMO TE ENCUENTRAS TE PIENSO.

VACIÓ Y OLVIDADO COMO ME SIENTO TE PIENSO.

El Hombre Solo


Al Hombre Solo le gustaba sentarse en el medio de la nada a pensar en cómo destruir sus miedos. Inició su batalla y su mente se nubló mientras por su pecho corría un escalofrío que bajó hasta sus genitales.

Sintió la hinchazón de su cuerpo y el pus que salía de sus oídos. Los ojos le brotaban de su centro.

“Todos lo que me dijeron alguna vez que yo podría se equivocaron. ¡Mentirosos!”. El Hombre Solo creyó por un momento que la puta fe lo llevaría a conseguir lo que alguna vez soñó.

El Hombre Solo corrió para enfrentar su pasado pero se dio cuenta que en su futuro sonaban las mismas canciones que siempre escuchaba.

Al Hombre Solo le llegó la hora de enamorarse pero se dio cuenta que no había con quien. Así descubrió lo que significa el desamor y entendió que el corazón no sólo se parte cuando le clavas un puñal.

El Hombre Solo había dejado de fumar hace diez años, pero si expulsaba el aire de sus pulmones con contracciones fuertes aún el humo salía de sus entrañas y rememoró aquellos días en que jugaba a hacer figuras con el humo que brotaba de su boca.

El Hombre Solo se dio cuenta que por más que lo intentara, las cosas que más odiaba siempre iban a permanecer frente a él para que las siguiera odiando.
Su vida era un desastre.


Intentó probar su suerte con una bocanada de plomo pero el gatillo se atoró justo cuando por su mente pasaban imágenes de su pasado. Otra vez lo invadía el desconcierto.

Todos lo llamaban loco.

Dale a un desquiciado el poder de recuperar su cordura y te dirá que no. ¿Sabes lo que es estar loco? Al Hombre Solo no le importaba, le gustaba pensar que la locura llega cuando más la necesitas.

A veces lo invadía cierto aire de tranquilidad, pero por dentro estaba destruido. Lo peor es que sólo dos personas lo sabían: Él y Yo.

P.D. EN TU HONOR FDE...

Desvariando



Susurra levemente el sonido del aire en primavera, trae consigo cosas inesperadas.


No tenía ganas sino necesidad.

Mis ganas las maté siempre con gustos y las complací con caprichos cumplidos, pero más me abrumaba la necesidad. Y ahí estuvo mi debilidad.


Es como arrepentirte y al final aceptar que lo que más odiabas se convirtió de coñazo en lo que mas amas. En el sabor, el color y la forma que más anhelas.

Caigo rendido.


Ya mis dientes no sangran, mis encías están curadas, definitivamente tu lengua es milagrosa, aunque haya entrado a mi boca dejando adrede ese puto sabor a amor que no me puedo quitar con nada.


Tres frascos de listerine y la pasta dental más cara, incluso el desodorante bucal más potente, menta extra ácida y no pasa nada. Hasta se me ocurre arrancármelos.


Para colmo sigue sonando en el fondo la cancioncita romántica con la guitarrita punteada y los coros con voces acoplados una tras otra, de arriba abajo, que me dejan ipso facto con la mente llena de idioteces, con la cara y los ojos alumbrados por una luz que nadie sabe de dónde viene.


Los días sólo sirven para escuchar la misma música que me inspira, pensar en las mismas cosas que siempre me han inspirado y suspirar por ti. Balbuceando palabras que ni yo mismo entiendo. Delirando, levitando, flotando, volando.


Trina el pájaro sobre la rama seca.


A veces, cuando pasas por tu nariz un hilo de cocaína de baja calidad, ¿no te has fijado que los orificios te arden y salen de ellos gotas amarillentas de sangre, luego en tus oídos empiezan a sonar las pulsaciones de tu corazón y se te nubla el cerebro a la misma velocidad que tu visión? Siento lo mismo pero totalmente gratis. Es igual pero sin las consecuencias del despecho. De esto no te salvas ni con fuerza de voluntad.


A la vuelta de la esquina no hay ningún centro de rehabilitación para recuperarte. Esa droga siempre estará ahí para torturarte.


Como cuando te detienes sobre una ráfaga de aire caliente. La humedad abre tus poros y de tu piel salen millones de impurezas pero entran trillones de gérmenes. Igual tú aprovechaste y te colaste, aún no recuerdo sobre qué estaba suspendido ni a qué altura me hallaba.


Ahora el silbido suena triste, atrapado desde una jaula cerrada.


Aún no sueño, sólo divago.

Prozac de ti


El diagnóstico médico fue preciso: Usted tiene una afección incurable. Me hundí en un llanto silencioso y acepté que el virus había invadido mi cuerpo.
Lo confieso, soy una nueva víctima de esa enfermedad que infecta a millones en el mundo y que luchan a diario para sobrevivir.
Al principio intenté correr y huir, más por el desespero de lo inesperado que por las consecuencias de lo ya conocido. Afortunadamente mis zapatos se desgastaron y mis pies empezaron a sangrar. Tuve que parar.
Fui yo mismo a comprar las medicinas que, religiosamente, como dice mi mamá, tendré que administrarme el resto de los días por venir.
Los efectos secundarios no se hicieron esperar. La arritmia constante reflejaba un corazón animado. La vista nublada indicaba que los ojos, de ahora en delante, debían dirigirse en una sola dirección. Y lo que no podía faltar es esa sensación de encierro que te hace sentir abstraído en una burbuja de la cual no quieres salir. Concentrado en un no se qué placentero y dichoso que señala nuevas sensaciones pocos conocidas y que forman parte del tratamiento eterno.
Asumí mis contraindicaciones y deduje que con el tiempo iba a terminar acostumbrándome.
Decidí darme por vencido y acepté que lo único que me mantendría sin sentir dolor eran esos labios curativos y las dosis de caricias que mezquinamente me suministran sus manos de seda. Me siento curado con el analgésico de su cuerpo. Su lengua es mi pastilla de sanidad. Mi vacuna para el amor.

Causalidad

Los días se fueron tan rápidos como la estela que deja el movimiento de las alas de un colibrí. Ni siquiera los pude divisar. A pesar de esa vertiginosa velocidad, muy a lo interno la vida se me pasaba como una canción de Coldplay: lenta, sonora, in entendible pero con una paz que se enterraba en mis venas como una dosis absurda de opio amarillo.
Mis ojos aun están inflamados. Los pobres se mantienen abiertos encima de ti. A cada instante. Es como un vicio.
Enséñale a manejar
Facebook a tu hermanito adolescente y entenderás lo que te digo.
La musa se transformó en cuerpo humano. Las letras poco fluyen, pero las palabras que se dicen se vuelven un océano de admirable poesía.
¡Roba almas!
Soy más confeso. Nunca me fije que cara a cara la respiración se vuelve más caliente y agitada. Los ojos se achican y la vista se nubla, se dobla, se pierde.
Como cuando en medio de una borrachera intentas disimular tus pasos confundidos y respiras profundo para darle oxígeno a tu cerebro y pensar mejor. Al final te terminas cayendo.
Maldito trabajo, obstinado amor que me consume, desgraciados que me controlan con normas.
No me importa lo que digan los demás. Que si ya no soy creativo, que si les tortura el hecho de que no escribo más. No me importa. Ellos son sólo efectos especiales en una película de bajo presupuesto.
Estoy sonriendo y mis dientes se reflejan en las fotografías con mucha naturalidad, algo doblados y con un tono muy sutil de amarillo nicotina. También la cara de idiota es digna de comentar.
La conclusión de esta absurda escena es una página en blanco, los oídos sucios, el tono grisáceo oscuro de la bolsa de mis ojos y la pérdida del sentido de ubicación, mientras paso todo el día con ganas de echarme en una cama a masturbarme y a ser feliz. Como jamás lo he sido. Con el teléfono en la mano por supuesto. Definitivamente sólo tú sabes cómo me siento. Así únicamente se puede hacer el amor.
Por cierto que ahora me llegan muchos más mensajes después de haber tomado aquella decisión de decir a todos lo que nos pasaba. Ese día que acepté que ya la mierda había cogido su cauce, que por más que me resistí, al final me arrodillé resignado a los designios de aquel Ser superior.
Pura causalidad. Sí, CAUSALIDAD
Ellas vienen a mí. Así de inmodesto voy a ser. Según dicen atrapadas por un aire de simpatía. Al final yo creo que es el instinto de echar todo a perder. De la envidia que siempre las carcome por esa soledad tan pronunciada que golpea como un cañonazo a la mayoría de esas infelices. Lástima que seamos tan pocos.
Es como un imán; simplemente se enteran, su perra interna se transforma y lo único que piensan es en acabar con lo que no pueden tener. ¡Putas!.
Son una calca de actuación de Los Pixies, Lex Luthor, Mr. Bearn, Cell, Megatrón y todos esos villanos de fantasía.
Sí, asumo mi culpa, yo les sigo el juego. Pero eso no es motivo para que continúen con su afán de destrucción. Pongo mis límites y son tan claros que lo normal sería que recularan sin pensarlo en demasía.
Pero pasa todo lo contrario, el imán se multiplica en tamaño y potencia. Pero es realmente tarde para que se cieguen con una oportunidad que nunca les llegará.
Estoy rendido en un campo de batalla rodeado de minas, y con el enemigo viéndome con su mira láser de alto alcance e impacto. Todos mis compañeros están a mí alrededor mutilados y asesinados. Tienen orificios en sus cuerpos del tamaño de una manzana y la sangre le corre por todo el cuerpo y no es precisamente a través del torrente sanguíneo. No es una buena imagen. Mientras me escondía pisé la cabeza de mi amigo, caí al suelo y me topé con la mano de otro; recuerdo que lo reconocí por el anillo de compromiso en su dedo.
Espero sean suficientes estas pruebas para que te olvides del asunto y me creas.
No ha sido fácil.
A veces escucho voces. Lamentablemente no son tan fuertes como para entender lo que dicen, pero sé que son voces. Lo cómico es que la botella no está vacía cuando la levanto con mis manos y veo a través de ella, en la mesa sigue la misma cantidad de polvo, creo que 80 veces más potente del de hace siete años. Y en la cama, la mismas piernas de la madrugada anterior.
Pero ahí están esos incoherentes ecos. Como las canciones que no entendemos pero igual las seguimos cantando. Como el idioma que no sabemos pero nos parece divertido hablarlo.
Ya nada es igual. Ahora sin alma sigo pensando que todo está perdido. Además hay que sumar el hecho de que mi corazón late mas rápido, digo palabras cursis y me pajeo con menos frecuencia. Todo es por ti.
Te recuerdo que soy el mismo de experiencias pasadas. Sólo que ahora con más compromisos y menos tiempo. Pero siempre contigo, aunque no estés aquí. Divagando.

Estamos perdidos

Era una vez un cuento de amor que al comienzo fue muy lindo, luego se volvió rutina, después comenzó el enredo y al final…

Empiezas a experimentas ese vació que nos queda cuando la persona que piensas que te quiere, no te quiere. Y si de verdad te quiere no te lo demuestra. Y si te demuestra que te quiere lo hace muy poco. Y tú desbordado de pasiones, derritiendo tus sentimientos sobre un cuerpo inerte y vació que nunca te revelará ni siquiera la lástima y el asco que te tiene o al menos reintegrará un mínimo porcentaje de todo lo que tú le ofreces.

Y de repente el dolor es muy fuerte. Como si te hubieses lanzado a la cama a llorar y sientes que en el estómago se te entierra una tijera que por “olvido” dejó tu madre sobre las sabanas, luego de cortar y coser el ruedo de uno de tus pantalones. ¿Te puede asesinar tu propia madre?, preguntas intentando culpar a alguien de las desdichas de no saber escoger a quien te debe corresponder.

Mientras te desangras sigues esperando un cambio. Haces tuyas las excusas y las conviertes en verdades.

Dale poder a tu cerebro para que se convenza de que eres ciego y a los dos minutos chocaras contra un enorme poste que desfigurará tu rostro.

En la agonía de la muerte soltarás suspiros de las esperanzas que en días, meses o años nunca abandonaste, porque desde pequeño mientras te sentabas en misa a pedir a Dios favores y perdones, escuchaste que quien pierde las esperanzas es porque perdió la fe, y quien perdió la fe es un alma sin gloria.

Y reacciones, aunque algo tarde.

Un buen día decides tirar de la palanca de la poceta que hay en tu cerebro y observas con los ojos llenos de lágrimas como baja tu mierda, ligada con la sangre de tu corazón roto. Tu vomito también es rojo.

Y decides tirarte a cuanta puta te consigas en el camino que tenga algún interés de querer cambiar la asquerosa vida que llevas. A los pocas semana o quizás días, tal vez horas, se dará cuenta que pierde su tiempo y te abandonará en el cuarto del mugroso hotel llevándose todas tus pertenencias, incluyendo la droga que compraste para tener orgasmos alucinantes. Al final te despierta un dolor silencioso que no son más que las ganas de llorar contenidas en el nudo de tu garganta.

Pero siempre hay algo mejor.

Cuando amaneces, las maripositas muertas que un día reposaron en tu estómago reviven y empiezan a volar de placer. Te ilusionas, anhelas y deseas sentir amor; y ves, sientes, piensas, hueles amor.

Fluyen las palabras, palpas, dices:

Te apareciste de repente sin pedir permiso. Entraste a mi vida haciéndote dueña de mis sensaciones, de mis sueños, de mis pasiones; como una ráfaga de esperanza que choca contra mis sentidos.
Ahora te ruego que no sigas tu camino sin antes detenerte a pensar en las consecuencias nefastas de mis sueños rotos.
Linda princesa que susurras en mi oído el sonido temeroso del amor, encantando mis emociones, iluminando mis nubladas noches, sacando del vacío mis rebeldes sentimientos.
A lo lejos te observo como una luz hipnotizante que me llama a sus brazos suaves y acogedores.
De cerca te siento, indefenso, esperando una palabra permisiva que me permita incendiar mi cuerpo de la llama ardiente que dejan al pasar tus labios sonrientes, sutiles, húmedos.

Vuelve el círculo vicioso, definitivamente este mundo está perdido…